De vez en cuando vuelven a nosotros textos a los que, por la razón que fuera, hacía algún tiempo que habíamos perdido la pista. Me ha pasado en este blog con Fahrenheit 451, como ya queda dicho, y me ha vuelto a pasar esta tarde, hace un rato, corrigiendo trabajos de clase.

El protagonista, esta vez, es Luis Cernuda. El poema, “Contigo” (de Con las horas contadas, 1950-1956):

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mí están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

No sé si será una tontería, pero compruebo con alborozo que, cuando aún no hace un mes que abrimos nuestras fronteras (eso será dentro de dos días), en Hawaii acabamos de recibir al “Turista Número 1000″. ¡¡Redobles y fanfarrias!! Gracias por pasear por nuestras jóvenes, casi vírgenes, tierras. Os veo en Hawaii.

Toda la mañana hablando en clase del collige, virgo, rosas (a.k.a. carpe diem) y al llegar a casa me encuentro con lo siguiente:

Es nuestra tercera rosa de esta primavera. La excusa perfecta para insistir en el tema que nos ocupa, para aportar otra visión del tópico, que no se agota. En esta ocasión, pone la letra Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950), con su poema “Collige, virgo, rosas” (de Por fuertes y fronteras, 1996):

Niña, arranca las rosa, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.

Como no todos nos manejamos de igual modo con estos nuevos inventos del ciberdiablo, algunos compañeros me han comentado que, habiendo estado de visita en Hawaii, no han encontrado el modo de dejar su comentario. Bueno, pues va por ellos. Fíjense en la foto:

He rodeado con un marco rojo los dos lugares (a la izquierda de la imagen) en los que se puede pinchar para dejar un comentario: el título de la entrada y el contador de comentarios. Cuando se pincha en uno de esos dos enlaces, llegamos al lugar en que se encuentra el texto del comentario solo y, al final, la ventana para dejar nuestros comentarios. Tal que así:

He rodeado con otro marco rojo el enlace Document, a la derecha de la imagen. Éste os lleva a la página en la que voy a ir poniendo los materiales que uso en clase, o que crea que pueden ser útiles a los alumnos de Lengua y Literatura (o a cualquiera que los necesite, claro).

Es fácil. Venga, os veo en Hawaii, que creo que está a punto de mejorar el tiempo.

La participación de Jazdan me devuelve a una de las novelas fundamentales del siglo XX, uno de esos libros que se anticiparon a su tiempo y que generaciones de lectores leen con absoluta devoción: Fahrenheit 451 (1953). Considerado un clásico de la ciencia-ficción, resulta espeluznante comprobar cuán acertado se mostró Mr. Bradbury en su anticipación a un mundo en el que los libros estarán prohibidos y su posesión será el delito más implacablemente perseguido (el título hace referencia a la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde, expresada en grados Fahrenheit). Excepto por este detalle de la prohibición de los libros (tranquilos, que todo se andará), la novela, en muchas ocasiones, se nos aparece como un texto de una actualidad desasosegante.

He estado releyendo pasajes que tengo subrayados, y es aterrador constatar que, más que una novela, en algunos momentos Fahrenheit 451 parece un reportaje o una noticia que hubiera publicado un periódico cualquiera  esta misma mañana. Así se expresa Clarisse McClellan, una joven de diecisiete años, en las primeras páginas:

todos aquellos a quienes conozco andan gritando o bailando por ahí como locos o golpeándose mutuamente. [...] Temo a los jóvenes de mi edad. Se matan mutuamente. ¿Siempre ha sido así? Mi tío dice que no. Sólo en el último año, seis de mis compañeros han muerto por disparo. Otros diez han muerto en accidente de automóvil. Les temo y ellos no me quieren por este motivo. Mi tío dice que su abuelo recordaba cuando los niños no se mataban entre sí. [...] la Policía no se mete con ellos con tal de que estén asegurados. Con tal de que todos tengan un seguro de diez mil, todos contentos. (pág. 40)

Beatty, el superior de Guy Montag, el protagonista, ante la sospecha de que su subalterno empieza a plantearse demasiadas preguntas incómodas:

Como las Universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios y creadores, la palabra ‘intelectual’, claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente ‘inteligente’, que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como muñecos de barro y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecer diferencias ni comparaciones desfavorables. ( pág. 68 )

Una de las amigas de Mrs. Montag, la esposa del protagonista:

-Tengo a los niños en la escuela nueve días de cada diez. Me entiendo con ellos cuando vienen a casa, tres días al mes. No es completamente insoportable. Los pongo en el ‘salón’ y conecto el televisor. Es como lavar ropa; meto la colada en la máquina y cierro la tapadera. (pág. 107) 

El propio Montag, después de haber estado a punto de ser atropellado por un coche durante su huida casi al final del libro:

Miró avenida abajo. Ahora, resultaba claro. Un vehículo lleno de chiquillos, de todas las edades, entre los doce y los dieciséis años, silbando, vociferando, vitoreando, habían visto [...] a un hombre caminando [...] y habían dicho: ‘Vamos a por él’, sin saber que era el fugitivo Mr. Montag. Sencillamente, cierto número de muchachos que habían salido a tragar kilómetros durante las horas de luna, con los rostros helados por el viento y que regresarían o no a casa al amanecer, vivos o sin vida. Aquello era una aventura. (pág. 139)

Y esto del desprecio de la inteligencia, de la violencia juvenil, de las locuras al volante, de la gente que arriesga su vida los sábados por la noche, de los hijos abandonados ante el televisor por unos padres que no saben qué hacer con ellos, ¿tiene algo que ver con lo que contemplamos cada día a nuestro alrededor, en nuestras casas, con lo que vivimos a diario en nuestras calles y en nuestros institutos?

Otros pasajes de la novela:

Los años de Universidad se acortan, la disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorados. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo, excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillos y tuercas? (págs. 64-65)

Vaciar los teatros [...] Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar, ¿eh? Organiza y superorganiza superdeporte. Más chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos y menos. Impaciencia. Autopistas llenas de multitudes que van a algún sitio, a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio. El refugio de la gasolina. Las ciudades se convierten en moteles, la gente siente impulsos nómadas y va de un sitio a otro, siguiendo las mareas, viviendo una noche en la habitación donde otro ha dormido durante el día y el de más allá la noche anterior. (págs. 65-66)

Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos ‘hechos’ que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces tendrán la sensación de que piensan [...] Y serán felices [...] No les des ninguna materia delicada como Filosofía o la Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. [...] Así, pues, adelante con los clubs y las fiestas, los acróbatas y los prestidigitadores, los coches a reacción, las bicicletas, helicópteros, el sexo y las drogas, más de todo lo que esté relacionado con los reflejos automáticos. (pág. 71)

El televisor es ‘real’. Es inmediato, tiene dimensión. Te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos. Ha de tener razón. Parece tenerla. Te hostiga tan apremiantemente para que aceptes tus propias conclusiones, que tu mente no tiene tiempo para protestar, para gritar: ‘¡Qué tontería!’ [...] ¿quién se ha arrancado alguna vez de la garra que lo sujeta una vez se ha instalado en un salón con televisor? (pág. 94)

Abandono del humanismo, exaltación de la violencia, el recurso al deporte o a los concursos televisivos como anestesia para las conciencias, poder omnímodo de la televisión… Como diría un castizo: “¡Ahí queda eso!”. Escrito hace cincuenta y cinco años, y como si estuviéramos viendo el telediario de las tres.

Por cierto, las citas corresponden a la traducción de Alfredo Crespo, publicada en la colección Ave Fénix de la Editorial Plaza & Janés en el año 1993.

Os veo en Hawaii, a ver si mejora el tiempo, que vaya fin de semana…

Mi buen amigo Juan Miguel ha sido el primero en animarse a jugar a “Página 23″. Dice:

Y hacia abajo, hacia el oeste, divisaba la vieja escuela colonial, de ladrillo, sonriendo desde el otro lado de la calzada al antiguo cartel con la cabeza de Shakespeare donde se imprimía la ‘Providence Gazette’y el ‘Country Journal’ antes de la Revolución.
H.P. Lovecraft, El caso de Charles Dexter Ward (Ed. Valdemar, 2002).

Y Jazdan, desde http://palabrasrelacionadas.blogspot.com, propone una variación:

Quiero cambiarle una palabra a las reglas, si me es permitido. En lugar de la quinta frase, voy a ir directo al quinto párrafo. 

Sin problemas, claro. El resultado es:

El rostro de ella era como una isla cubierta de nieve, sobre la que podía caer la lluvia sin causar ningún efecto; sobre la que podían pasar las movibles sombras de las nubes, sin causarle ningún efecto. Sólo había el canto de las diminutas radios en sus orejas herméticamente taponadas, y su mirada vidriosa, y su respiración suave, débil, y su indiferencia hacia los movimientos de Montag.
Ray Bradbury, Fahrenheit 451 (Ed. Plaza & Janés).

¿Alguien más se anima?

Una magnífica aportación al tema del carpe diem: Juan Miguel nos deja en los Comentarios este texto del poeta inglés Robert Herrick (1591-1674). Lo copio aquí para que no os pase desapercibido.

TO THE VIRGINS, TO MAKE MUCH OF TIME

Gather ye rosebuds while ye may,
Old Time is still a-flying:
And this same flower that smiles today
To-morrow will be dying.

The glorious lamp of heaven, the sun,
The higher he’s a-getting,
The sooner will his race be run,
And nearer he’s to setting.

That age is best which is the first,
When youth and blood are warmer;
But being spent, the worse, and worst
Times still succeed the former.

Then be not coy, but use your time,
And while ye may, go marry:
For having lost but once your prime,
You may for ever tarry.

Y ahora, para los que, como yo, andamos limitaditos con el inglés, una traducción copiada de http://poemaseningles.blogspot.com (la página tiene buena pinta, by the way):

A LAS VÍRGENES, PARA QUE APROVECHEN EL TIEMPO

Reunid capullos de rosas mientras podáis,
el viejo Tiempo siempre vuela:
y esta misma flor que sonríe hoy
mañana estará muriendo.

La gloriosa lámpara del cielo, el sol,
cuanta más altura alcanza,
antes habrá recorrido su camino
y más cerca estará del ocaso.

La mejor edad es la primera,
cuando la juventud y la sangre están más calientes;
pero consumidas, es la peor, y peores
tiempos siempre suceden a los anteriores.

Así pues no seáis reacias, sino aprovechad el tiempo,
y mientras podáis, casaos:
pues una vez perdida la primavera,
puede que esperéis para siempre.

Gracias, amigo.

¿No se anima nadie a jugar a la “Página 23″?

Carson McCullers, La balada del café triste, 1951 (Ed. Seix Barral):

Si se pone uno a considerar, hay momentos en que parece que la vida tiene muy poco valor, o que no tiene ninguno. Cuántas veces, después de haber estado uno sudando, y esforzándose, y las cosas no se le arreglan, se le mete a uno en el fondo del alma el sentimiento de que no vale gran cosa.

Pero que no, que no es así. Que todo termina encajando. En Hawaii, a veces padecemos las inclemencias del tiempo. Tormentas tropicales, tifones, tornados… Los más bravos las desafían y se lanzan sobre sus tablas a surfear frente a la costa; los otros, más prudentes, o timoratos, esperan a que escampe escuchando a Jack Johnson. Porque al final siempre escampa y sale el sol. Para todos. En Hawaii.

See you.

Como era inevitable, esta mañana hemos llegado al carpe diem. Los que hemos ido a clase, claro. Porque es llegar al Renacimiento, y, hala, todos como locos a vivir la vida. Y encima coincide con la Feria de los Pueblos de Fuengirola y la definitiva llegada de la primavera. Primavera cuyo rostro, por cierto, fue pintado por el incomparable Sandro Botticelli con los siguientes rasgos:

Rasgos -tan, tan hermosos- que coinciden con los que tantos poetas del siglo XVI evocaron en sus versos. Como el famosísimo “Soneto XXIII” de Garcilaso de la Vega:

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena…

¿No parece como si, a la hora de escribir, Garcilaso tuviera delante este “Nacimiento de Venus”? De este soneto seguiremos hablando, en su momento; concretamente, tendremos que detenernos en los dos tercetos, en los que se hace explícita la invitación a disfrutar de la vida. Lo que nos interesa ahora es el origen del tópico.

Dejando aparte otros textos, la formulación más conocida del tópico corresponde al poeta latino Horacio (Carmina, I, XI):

XI
Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
finem dii dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. Vt melius quicquid erit pati!
Seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum, sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

En traducción de Alfonso Cuatrecasas (Ed. Bruguera, 1984):

XI
No indagues, Leucónoe, no es lícito saberlo,
qué plazo a ti o a mí nos han otorgado los dioses,
ni consultes los cálculos babilonios.
¡Cuánto mejor es aceptar cualquier cosa que ocurra!
Sea que Júpiter te haya reservado muchos inviernos,
ya sea éste el último,
el que ahora amansa, en los opuestos escollos, al mar Tirreno:
sé prudente, filtra el vino;
no pongas gran esperanza en el breve espacio de la vida.
Mientras hablamos habrá huido, envidioso, el tiempo.
Goza el hoy; mínimamente fiable es el mañana.

Por cierto, esta mañana os di mal la cita; el lunes la rectificaré en clase. Eso es lo que pasa por confiar en la memoria.

Ya en el siglo IV d.C., encontramos en “De rosis nascentibus” otra formulación del tópico que se hizo igualmente famosa: collige virgo rosas. Esto es, “coge, muchacha, las rosas”. Su autor, el poeta Décimo Magno Ausonio, tiene el acierto de asociar el paso fugaz de la juventud a la efímera belleza de la rosa, lo que será un lugar común desde entonces:

Conquerimur, Natura, brevis quod gratia florum:
ostentata oculis ilico dona rapis.
quam longa una dies, aetas tam longa rosarum,
quas pubescentes iuncta senecta premit.
quam modo nascentem rutilus conspexit Eoos,
hanc rediens sero vespere vidit anum. [...]
collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes,
et memor esto aevum sic properare tuum.

Alguien lo ha traducido así:

Nos quejamos, Naturaleza, de que sea efímera la belleza de las flores:
Les arrebatas rápidamente las gracias mostradas a los ojos.
La edad de las rosas es tan larga como un solo día,
la vejez inminente las agobia, aun jóvenes.
A la que el lucero brillante vio nacer,
a ésa la vio anciana al regresar por la tarde. [...]
Recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana y la juventud fresca,
y acuérdate de que así se apresura también tu vida.

Estamos, pues, ante uno de los tópicos artísticos más socorridos, así que no os extrañe que nos lo vayamos encontrado con frecuencia. Volveremos a los versos finales del “Soneto XXIII” de Garcilaso, ya queda dicho. Mientras tanto, os dejo con un contemporáneo suyo, el poeta francés Pierre de Ronsard a quien debemos una de las más hermosas recreaciones del tópico en uno de sus Sonnets pour Hélène (1578):

Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle,
assise auprès du feu, dévidant et filant,
direz, chantant mes vers, en vous émerveillant :
«Ronsard me célébrait du temps que j’étais belle!»

Lors, vous n’aurez servante oyant telle nouvelle,
déjà sous le labeur à demi sommeillant,
qui au bruit de Ronsard ne s’aille réveillant,
bénissant votre nom de louange immortelle.

Je serais sous la terre, et, fantôme sans os,
par les ombres myrteux je prendrai mon repos;
vous serez au foyer une vieille accroupie,

regrettant mon amour et votre fier dédain.
Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demain:
cueillez dès aujourd’hui les roses de la vie.

Que viene a decir, más o menos (la traducción es mía; supongo que las habrá mejores):

Cuando seáis muy vieja, de noche, a la luz de una vela,
sentada junto a la lumbre, devanando e hilando,
diréis, cantando mis versos, maravillada:
“¡Ronsard me cantaba cuando yo era hermosa!”

No tendréis entonces sirvienta que ante tales palabras,
aunque esté ya medio adormecida,
al oír el nombre de Ronsard no se despierte,
bendiciendo vuestro nombre de inmortal gloria.

Yo estaré bajo tierra, y, como un fantasma,
a la sombra de los mirtos descansaré;
vos seréis una vieja encorvada junto al hogar,

lamentando mi amor y vuestro altivo desdén.
Vivid, creedme, no esperéis al mañana:
coged desde hoy las rosas de la vida.

 Nos vemos en Hawaii.

En musikboy.net y con una fecha ya algo lejana, se encuentra uno con el post titulado “Página 23″, que recoge una propuesta que alguien lanzó con las siguientes instrucciones:

1. Tomar el libro más cercano.
2. Abrirlo por la página 23.
3. Ir a la quinta frase.
4. Escribir ese párrafo junto con estas instrucciones.

En mi caso, el libro que tengo más cerca ahora mismo es Una historia de la lectura, de Alberto Manguel (Alianza Editorial, 1998), y el resultado es un poco desconcertante: la siguiente ilustración:

Se trata de una página del texto cabalístico Pa’amon ve-Rimmon, impreso en Amsterdam en 1708, mostrando los diez Sefirot de que se habla en el Sefer Yezirah, el texto hebreo más antiguo que se conserva (siglo III).

Pero como tengo más de un libro cerca, en vez de la quinta frase, os ofrezco cinco frases. Así, de Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay), de Michel de Montaigne (Ediciones El Acantilado, 2007):

No era apropiado, dijo, que quien en vida jamás había temido a sus enemigos, demostrara temerlos una vez muerto.

O de El esnobismo de las golondrinas, de Mauricio Wiesenthal (Editorial Edhasa, 2007):

No sé si los que pueden entender me entienden, pero no hay perfume mejor que el de una copa de vino en una mesa sencilla, sobre el mantel blanco de la pobreza cartujana.

Del opúsculo Sobre arte y literatura, de Joseph Joubert (Editorial Periférica, 2007):

En el lenguaje ordinario, las palabras sirven para nombrar las cosas, pero cuando el lenguaje es realmente poético, las cosas sirven para nombrar las palabras.

Por último, del El estado fragmentado. Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España, de Francisco Sosa Wagner e Igor Sosa Mayor (Editorial Trotta, 2006):

Pues bien, a quien se ha metido en la letra pequeña de la historia austro-húngara y, al mismo tiempo, conoce algo la propia hispana, le aguardan sorpresas múltiples -barrocas, otra vez-, porque no sólo tuvimos nuestra Casa de Austria y una guerra para decidir su sucesión en la hora del trono vacante, sino que -y esto es lo que nos interesa ahora- desde finales del siglo XIX el modelo de la Monarquía del Danubio aparece, de forma recurrente, en algunas muestras de la literatura política y del pensamiento difundidas en España.

 Ahora os toca jugar a vosotros. Espero vuestras citas en los Comentarios.

La teoría neoplatónica del amor, con sus spiritus y todo, expuesta en una de las obras de lectura de este tercer trimestre, La dama boba, de Lope de Vega. Habla Laurencio:

Destos mis ojos
saldrán unos rayos vivos,
como espíritus visivos,
de sangre y de fuego rojo,
que se entrarán por los vuestros.
[...] Son los espíritus nuestros,
que juntos se han de encender
y causar un dulce fuego
con que se pierde el sosiego,
hasta que se viene a ver
el alma en la posesión,
que es el fin del casamiento;
que con este santo intento
justos los amores son,
porque el alma que yo tengo
a vuestro pecho se pasa. (vv. 789-793 y 796-806)

El mismo Laurencio dirá en los versos 1835-1836:

Aquí están los ojos­
a cuyos rayos me ofrezco.­

Y Finea, la dama tenida por boba, declara a su amado en los versos 2413-2414:

porque en mis ojos estás
con memorias inmortales.

Aunque la idea central de la obra es la virtud del amor para perfeccionar el alma, infundir sabiduría y avivar el entendimiento (”que es luz del entendimiento / amor“, dirá el mismo Laurencio un poco después, en los versos 830-831), no por ello Lope evita la exposición de las cualidades del amor en los términos típicos del neoplatonismo que hemos expuesto en clase; así, la caracterización del amor como “dulce locura” (v. 814) o como ”dulce enfermedad” (v. 823), por ejemplo.

Asuntos graves han mantenido ocupada nuestra atención en los últimos días: las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, y los tópicos literarios que en ellas se tratan. Y de ellos quiero seguir hablando. Vayamos por partes.

El tópico literario del ”tempus fugit” procede del Libro III de las Geórgicas, obra del poeta latino Publio Virgilio Marón (70-19 a.C.):

Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus,
singula dum capti circumvectamur amore.

Esto es: “Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente / mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles.” (Geórgicas, III, 284-285). Posteriormente, en la Eneida (canto X, vv. 467-468), insiste Virgilio en la idea, aunque la formulación es distinta:

‘Stat sua cuique dies, breve et irreparabile tempus
omnibus est vitae
; sed famam extendere factis,
hoc virtutis opus…

“A cada uno le están señalados sus días, breve e irreparable es para todos el plazo de la vida; pero alcanzar con grandes hechos la fama, obra es del valor.” Y hete aquí que aparece la tercera en discordia, la otra, la que tan distraídos nos ha tenido estos días con su encanto irresistible y su atractivo fatal: la fama. ¡¡Tachaaaaaaaaaaaaán!! La voilà. Como veis, todo encaja.

Le toca ahora el turno al ubi sunt? Uno de los tópicos más frecuentados en la literatura, y que nos ha dejado expresiones hermosísimas. Pensemos, por ejemplo, en el poeta francés François Villon (1431-h. 1463), que en su famosísima “Ballade des dames du temps jadis” (”Balada de las damas de antaño”), recogida en su obra El testamento (1462; unos años anterior a la obra de Manrique), repite un estribillo que se hizo célebre: “Mais, où sont les neiges d’antan?” (”Pero, ¿dónde están las nieves de antaño?”). Que, por cierto, contiene el título del poema la que para mí es la más hermosa palabra de la lengua francesa: jadis. No me preguntéis por qué; simplemente, siempre me ha gustado cómo suena esa palabra. Otra más de mis manías.

Muchas veces, sin embargo, se tiende a pensar que estas historias son cosa de poetas, gente amargada y alejada de la vida diaria, de las cosas que de verdad importan. Disiento. Para que veáis que estos temas se tratan constantemente, volvamos nuestros ojos al pop, al grupo The Smiths, de quienes ya hemos hablado en este diario. Una de sus canciones, “Cemetry gates” (del disco The Queen is dead, 1986), empieza diciendo:

A dreaded sunny day
So I meet you at the cemetery gates
Keats and Yeats are on your side
While Wilde is on mine
So we go inside and we gravely read the stones
All those people and those lives
Where are they now?
With loves and hates
And passions just like mine
They were born
And then they lived
and then they died
Seems so unfair
And I want to cry 

Algo así como:

Un terrible día soleado
nos encontramos a las puertas del cementerio.
Keats and Yeats están de tu parte,
mientras Wilde está de la mía.
Así que entramos y solemnemente leemos las lápidas.
Todas esas personas y esas vidas,
¿dónde están ahora?
Con amores y odios
y pasiones como los míos,
nacieron
y vivieron
y murieron,
lo que parece tan injusto
y quiero llorar.

O, si regresamos al tópico de la brevedad de la vida, nos encontraremos con que pocos han acertado a expresarlo con mayor claridad que Pink Floyd en “Time” (The dark side of the moon, 1973):

Ticking away the moments that make up a dull day
You fritter and waste the hours in an offhand way
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way

Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain
You are young and life is long and there is time to kill today
And then one day you find ten years have got behind you
No one told you when to run, you missed the starting gun

And you run and you run to catch up with the sun, but it’s sinking
Racing around to come up behind you again
The sun is the same in a relative way, but you’re older
Shorter of breath and one day closer to death

Every year is getting shorter, never seem to find the time
[...] The time has gone, the song is over, thought I’d something more to say.

Para entendernos:

Viendo pasar al son del tic-tac los momentos que componen un día insípido,
desperdicias y consumes las horas de un modo indecoroso,
vagas de aquí para allá por alguna parte de tu ciudad,
esperando que alguien o algo te muestre el camino.

Cansado de tumbarte bajo el sol, te quedas en casa mirando la lluvia,
eres joven y la vida es larga, y hoy hay tiempo que matar.
Y entonces un día te encuentras con que tienes diez años más.
Nadie te dijo cuándo correr, te perdiste el disparo de salida.

Y corres y corres para ir a la par del sol, pero ya se está poniendo
y girando para elevarse de nuevo detrás de ti.
El sol es el mismo de un modo relativo, pero tú eres más viejo,
tu respiración es más corta y estás un día más cerca de la muerte.

Cada año se hace más corto, parece que nunca encuentras tiempo,
[...] El tiempo se ha acabado, la canción se ha terminado, pensaba que tenía algo más que decir.

Vamos, que no es cuestión sólo de poetas tísicos y atormentados (o casi sí, no sé). Otro día os hablaré de la rueda de la Fortuna y los Rolling Stones, por ejemplo. Ah, y a propósito, The Queen is dead fue elegido en 1997 el decimoquinto mejor álbum de todos los tiempos, en una encuesta de “Music Of The Millenium”, conducida por HMV, Channel 4, The Guardian y Classic FM. En el 2003 el álbum ocupó el puesto nº 216 en “The 500 greatest albums of all times” de la revista Rolling Stone. En el 2005, la cadena televisiva Channel 4 le otorgó el puesto nº 20, y en 2006, Q magazine le otorgó el puesto nº 12. La misma revista, en el año 2007, le dio el puesto nº 27 en el ranking “100 Greatest British Albums Ever”. Ahí es nada.

Os dejo con otro de nuestros grandes poetas, Antonio Machado, admirador confeso del poema manriqueño, cuyos versos glosa en Soledades, Galerías y otros poemas (1907):

GLOSA
Nuestras vidas son los ríos,
que van a dar a la mar,
que es el morir.   ¡Gran cantar!
Entre los poetas míos
tiene Manrique un altar.
Dulce goce de vivir:
mala ciencia del pasar,
ciego huir a la mar.
Tras el pavor del morir
está el placer de llegar.
¡Gran placer!
Mas ¿y el horror de volver?
¡Gran pesar!

Acabo de eliminar el enlace que había puesto a la revista Quimera. ¿Motivo? Parece que han tenido algún tipo de problema y ahora aparece un anuncio de “Próximamente”. Así que cuando vuelvan a estar operativos, volveré a poner el enlace. Que no digáis que os conduzco a callejones sin salida.

Y muchas gracias a los que ya habéis estado de visita en Hawaii. Muchas gracias por vuestros comentarios de ánimo y por vuestras amables palabras. Da gusto con gente como vosotros.

El próximo miércoles, 23 de abril, se celebra, como sabéis de sobra, el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Y para celebrarlo, la casi tricentenaria revista de literatura Quimera dedica su último número, el 293, al cómic, el llamado “noveno arte”, que se ha convertido “en la forma artística más estimulante, dinámica e innovadora de nuestra generación” (pág. 3). El número es muy interesante, y es fantástico el dossier central Cómic: Mutaciones, pero lo que me ha llamado más la atención ha sido la reseña de una editorial joven, El Gaviero, de la que se incluyen un poema-postal y un manifiesto poético titulado “Sci-Fi Manifiesto”, en cuyo punto [3] viene a expresarse, en otras palabras, la misma idea que acompaña como subtítulo a esta Cita en Hawaii: la poesía como único refugio posible. Os dejo con la imagen y con el manifiesto. Espero vuestro comentarios. 

TORMENTA CÓSMICA

mensaje:
correo intergaláctico a la deriva
hangares y módulos de carga sueltos
apagado de células y balizas

Los androides abandonan la nave,
sus sensores perciben esa muerte
magnética que anula.
Flotar aquí, mi amor,
dentro de esta explosión de gas metal,
látigo de cien millones de grados,
holocausto de billones de estrellas,
y latir tu silencio en mi interior.
Ven conmigo, corre más rápido
que el afilador misterioso,
atraviesa cúmulos de galaxias,
esquiva el huracán del universo,
vuela conmigo al principio de todo.

Los androides se llevan la memoria,
y caemos en la música del mundo
empujados por esta radiación:
aquella brisa de helio incandescente
derrite un cinturón de supertierras heladas,
mira las manchas naranjas de Hydra
generándose al ritmo de la luz,
mira las ondas azules de Virgo
devoradas por la aceleración
del espacio y del tiempo,
mira esa nube amarilla de sistemas
catapultados al borde exterior
en rendimiento bestial de energía.

No hay señal en mi localizador.
La pantalla muestra tu imagen.
Te beso…, nadie nos espía
mientras nos engulle esta ola,
este pulso infinito.

apagado de células y balizas
hangares y módulos de carga sueltos
correo intergaláctico a la deriva
fin del mensaje.

(Pedro J. Miguel)

 Y ahora el manifiesto:

SCI-FI MANIFIESTO
[1] Tener los pies en la tierra es una ilusión.
Un engaño masivo atenaza a la especie humana. Dejad el redil y buscad el motivo que os justifica, la materia oscura que todo contamina: la poesía.
[2] La poesía es el resultado de la suma [ciencia] + [ficción].
La ciencia proporciona el instrumento, la ficción lo prevé.
La poesía es un arma láser cargada de presente.
[3] La poesía no es lo más importante de la vida, pero es la única esperanza. La belleza del cosmos está al alcance de vuestra mano. Quienes piensan que la Tierra es nuestra casa, se igualan a aquellos que temen salir de su habitación.
Los universos se expanden: reivindicadlos.
Atreveos.
[4] En pocos años la I.A. creará los cantos más perfectos jamás escritos. Dónde quedará entonces esa ostentación de métricas y acentos. Desguacemos esos moldes con la potencia de la fascinación.
[5] Las nanoformas exploran la raíz, la condensación de vínculos.
[arquitectura del mundo] = [arquitectura de la palabra]
La materia respira.
[6] Todas las artes confluyen con todas las ciencias en un punto de infinita densidad: la poesía.
[7] La poesía debe acabar con la discriminación de cuerpos extraños o molestos, por ello izaremos orgullosos el estandarte de la Serie B.
Irritaremos al conservador, pero algunas conciencias vírgenes despertarán.
[8] Juguemos con humor, antes que ciborg asexuado llore por nuestra romántica extinción. Y haced vosotros las reglas del juego.
[9] No hay verdades eternas ni absolutas.
La poesía no ordena, sino que constata la fuerza de la entropía.
[10] Acción / Reacción constituyen principios obsoletos, porque la poesía no tiene comienzo ni fin. La Sci-Fi Poesía no se guía por principio alguno, pues el universo es puro cambio que abomina de lo establecido.

(Pedro J. Miguel / Ana Santos Payán, Ediciones El Gaviero)

“Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura,
chè la diritta via era smarrita.”
(Divina Comedia, Infierno, canto I, versos 1-3 )

Con estas palabras comienza la Divina Comedia, de la que tanto hemos hablado estos días en clase: “A la mitad del camino de nuestra vida / me encontré en una selva oscura, / porque había perdido la buena senda” (traducción de Nicolás González Ruiz para Bibliotheca Homo Legens, 2005; se trata de una edición bilingüe de altísima calidad a un precio increíble). Esta edición trae una breve síntesis argumental de la obra que creo que os puede ser útil (mirad en Document).

Esa selva oscura (en la que más de uno andamos tan perdidos como Dante, “nel mezzo del cammin di nostra vita”), volverá a aparecer entre nosotros muy pronto, no bien lleguemos a nuestro siglo XVI, así que no le perdáis la pista. Como os dije que no había que perdérsela al término “dantesco”, en su tercera acepción: ”Dícese de las escenas o situaciones desmesuradas que causan espanto.” (Diccionario de la R.A.E.; en adelante, DRAE); pues bien, hoy mismo, domingo 20 de abril, el periódico El Mundo relata en los siguientes términos el terrible accidente de tráfico que ocurrió el sábado en Benalmádena:

Hala, para que luego digáis… Os dejo con un enlace en el que podéis acceder al texto completo de la obra traducido al español. Parece que se trata de la traducción de Luis Martínez de Merlo que publicó la Editorial Cátedra en su colección Letras Universales. Que os sea leve.

 

Este lema latino ha venido a instalarse entre nosotros (me refiero a mis alumnos de 1º de Bachillerato en estos momentos) desde que empezamos a estudiar la literatura medieval, y he sido tan insistente en lo que significó (tan pesado dirán ellos, si son amables) que no podía evitar sacarlo a colación a la primera oportunidad. Y hela aquí.

“Non nova sed nove”… No cosas nuevas, sino dichas de una manera nueva, que, básicamente es lo que hacemos casi todos. Desengañémonos: pocos han sido los que han creado nova; algunos más, no muchos tampoco, los que han creado nove; el resto, la inmensa mayoría, nos limitamos a copiar con mayor o menor talento, con mayor o menor disimulo, las cuatro cositas que, a duras penas, hemos conseguido aprender. Y poco más.

Pero, al menos, algunos intentamos hacer las cosas nove. De ahí que os proponga esta Cita en Hawaii, que espero llegue a ser cotidiana. Un modo nuevo de relacionarnos, no sólo entre nosotros, fuera de las paredes del aula, sino también con la lengua y la literatura, con el pensamiento y la reflexión, con el arte y la música… No sé lo que va a salir de aquí, ni si va a ser útil para alguien, pero, como hemos dicho antes, al menos lo intentamos. Que por nosotros no quede.

Así que, en los próximos días iré ampliando el número de enlaces de interés, por un lado, y “colgando” algunos documentos de fabricación casera y/o textos de los autores que estamos tratando ahora en clase. No sé si es necesario que os diga que, una vez abierto este canal, espero vuestras sugerencias sobre movimientos literarios, temas, obras o autores que queráis que tratemos en este espacio.

Y mientras, yo me voy adaptando a este nuevo medio de expresión y voy pensando en una próxima “Declaración de intenciones” (os puedo adelantar una: aquí nunca os vais a encontrar el malhadado “compañeros/as” o el vomitivo uso que de la pobre arroba @ se viene haciendo en los últimos tiempos. Palabrita del Niño Jesús).

En tanto eso ocurre, y como sé perfectamente en qué fechas estamos y que ya empiezan a surgir los nervios y las histerias de final de curso, os dejo algunas de las palabras que el poeta José Agustín Goytisolo escribió para su hija Julia; cuando os parezca que ya no podéis más, que llegáis al límite de vuestras fuerzas, recordad, releed estos versos. A mí, hacerlo, me ayuda. Otra cosa no os puedo decir. Nos vemos pronto.

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

[...] Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

[...] Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

[...] Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

 

“There’s more to life than books, you know.
But not much more” (The Smiths, “Handsome devil”).

No encuentro mejores palabras para presentarme en sociedad que éstas que durante tantos años han sido mi guía y lema.

Porque, básicamente, de libros, de literatura, voy a tratar en este blog, sin perjuicio de que puedan ir apareciendo la música, el cine, la fotografía… De hecho, el título que he elegido es el de una de mis canciones favoritas, “Cita en Hawaii” de La Mode (El eterno femenino, 1982).

Mi intención primera es incluir algunos de los materiales que uso habitualmente en mis clases de Lengua y Literatura, y ponerlos al alcance de mis alumnos y, también, de todos aquellos que quieran acercarse hasta aquí para charlar un ratito. Sean todos bienvenidos.

Antes de cerrar mi primera intervención, no quiero dejar de saludar a mi buen amigo musikboy, orgullo y gala de la blogosfera, que ha sido quien me ha facilitado el camino hasta WordPress, y animado a participar en él. Para él y para su linda musikgirl, el más afectuoso de los abrazos. Nos vemos.